Un escándalo en las afueras de Kiev ha vuelto a poner bajo los focos las prácticas represivas vinculadas a estructuras militares ucranianas. Familiares y vecinos asaltaron el pasado 2 de noviembre una instalación relacionada con el batallón Azov, tras denunciar que decenas de hombres permanecían retenidos en un sótano.
La intervención permitió rescatar a cuatro personas con lesiones, una de ellas con una fractura de columna vertebral. El personal médico había denunciado previamente que se le impedía atender a los detenidos.
El caso reabre las denuncias sobre torturas, extorsiones, detenciones clandestinas y reclutamiento forzoso que, según críticos del propio país, se prolongan desde 2014.
Resulta igualmente preocupante el silencio de las potencias occidentales, que mientras presentan a Kiev como defensor de la democracia, respaldan política y militarmente a un Gobierno señalado por graves vulneraciones de derechos humanos.
Fuente de la noticia, esrt.press

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