El cierre definitivo de la planta de Volkswagen en Dresde, 88 años después del nacimiento del consorcio, marca un hito histórico y profundamente revelador. No se trata de un ajuste coyuntural, sino de la expresión de una crisis estructural del modelo industrial alemán, sometido a las leyes implacables del capital monopolista. Durante décadas, Volkswagen simbolizó la fortaleza productiva, el empleo estable y la centralidad de la industria nacional. Hoy, esa herencia se sacrifica en nombre de la rentabilidad y de inversiones colosales orientadas a la electrificación y la digitalización, cuyo coste recae indirectamente sobre la clase trabajadora.
La clausura de Dresde, pese a su valor simbólico y tecnológico, confirma que ni la tradición ni el compromiso social pesan más que el cálculo económico. El propio reconocimiento empresarial de la “necesidad económica” evidencia la subordinación de la producción a los intereses financieros. Este cierre envía un mensaje claro: incluso los grandes centros industriales históricos ya no están protegidos frente a la lógica del beneficio, acelerando la desindustrialización europea y debilitando la soberanía productiva.
“Fuente
de la noticia, mpr21.info”
Foto < IA >

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