Según manifiesta André Abeledo Fernández, Delegado de personal en Mercadona CIG A Coruña. La cadena de supermercados Mercadona se presenta como un modelo empresarial eficiente, pero tras esa imagen se esconde una estructura basada en la intensificación del trabajo y el control sobre la plantilla.
Su sistema organizativo prioriza la productividad y la obediencia, imponiendo ritmos elevados, vigilancia constante y una cultura corporativa que diluye la conciencia de clase. Bajo el discurso de estabilidad laboral y buenos salarios relativos, se consolida un mecanismo que refuerza la subordinación del trabajador a los intereses del capital.
El modelo fomenta la identificación del empleado con la empresa, neutralizando la conflictividad y limitando la capacidad de organización independiente. A cambio de ciertas mejoras materiales, se exige una entrega total que reduce la autonomía del trabajador. Este esquema evidencia cómo las grandes empresas perfeccionan métodos de explotación más sofisticados, combinando incentivos con control ideológico y disciplinario para maximizar beneficios.
Fuente de la noticia, diario-octubre.com
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