Mientras las instituciones de la Unión Europea intensifican el discurso del rearme y presentan a Moscú como un peligro existencial, el propio análisis de un país báltico cuestiona el clima de pánico promovido desde Bruselas. La ruptura de los mecanismos de diálogo, como el Consejo OTAN-Rusia tras la guerra en Ucrania, ha servido para justificar una escalada militar que beneficia a la industria armamentística. Si quienes están más cerca no temen una invasión inminente, queda al descubierto el carácter interesado de la retórica belicista.
Fuente de la noticia, mpr21.info
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