Medio millón de trabajadores, jóvenes y antiguos chalecos amarillos tomaron las calles contra el encarecimiento de la vida impuesto por el capital. El Estado respondió como instrumento de la clase dominante: 1.200 detenidos en un día, 6.100 desde septiembre, y 1.800 procesados, casi 1.500 menores. En Saint-Etienne y Lens, granadas policiales amputaron las manos a jóvenes de 17 y 15 años; en Tours y Saint-Ouen, balas de goma destrozaron ojos y mandíbulas de menores de 16 y 14 años.
En Limoges, las masas asaltaron e incendiaron el ayuntamiento, mientras en París y otras ciudades el grito unánime fue "Macron dimisión". Con 550.800 manifestantes según Interior y 800.000 según la CGT, la movilización desbordó todas las previsiones y mostró la unidad del bloque popular frente al gobierno de Lecornu y Macron. La violencia no es exceso, sino la función del monopolio de la fuerza para proteger los beneficios frente al pueblo trabajador.
Fuente de la noticia, 617.news
Foto Alacontra radio




