El capital financiero, guiado por la ganancia inmediata, infla burbujas que inevitablemente estallan, trasladando las pérdidas al conjunto de la economía. Mientras miles de millones se evaporan en Wall Street, las empresas recortan empleos y aumentan la explotación laboral para sostener beneficios menguantes. La inteligencia artificial aparece así no como un progreso social, sino como un nuevo campo de especulación que profundiza la inestabilidad del sistema y su dependencia de la acumulación sin límites, revelando una vez más su carácter estructuralmente critico.
“Fuente de la noticia, mpr21.info”
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