Las calles del 23 de septiembre mostraron que la contradicción entre capital y trabajo ha estallado en torno a la vivienda. Miles, sobre todo jóvenes proletarizados a los que se niega el derecho a existir dignamente, respondieron al hartazgo frente al parasitismo de los fondos buitre que acumulan riqueza sin producir nada.
No actúan solos: son protegidos por el Estado burgués que administra sus intereses, con jueces que firman desahucios, policía que ejecuta la violencia de clase y partidos del régimen que fingen enfrentarse mientras sostienen el mismo entramado al servicio de accionistas y especuladores.
El desahucio de una anciana de 87 años y el suicidio en L’Hospitalet tras otro desalojo revelan la barbarie del sistema. La hipocresía de Sánchez culpando al PP en Madrid mientras su propio partido gobierna donde ocurren los mismos crímenes confirma que la gestión del capitalismo, sea azul o roja, es enemiga del pueblo.
Fuente de la noticia, insurgente.org
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