En la capital del país supuestamente más rico del planeta, las colas del hambre se alargan al mismo ritmo que los beneficios bursátiles. Los precios de los alimentos subieron un 3,1% interanual en diciembre, erosionando salarios que no siguen el mismo ritmo. Mientras tanto, desde la Casa Blanca se insiste en que la inflación “ya no es un problema”, destacando un crecimiento del 4,3% y máximos históricos en Wall Street, junto con rebajas fiscales que favorecen al gran capital.
La realidad social desmiente el triunfalismo. Más de un tercio de los hogares del área de Washington padeció inseguridad alimentaria el año pasado. Los bancos de alimentos atienden cada vez a más trabajadores con ingresos considerados “altos”, entre 90.000 y 120.000 dólares anuales, incapaces de cubrir necesidades básicas. Al mismo tiempo, los hogares más ricos incrementan su patrimonio gracias a activos financieros e inmobiliarios. La desigualdad se profundiza: prosperidad para unos pocos, precariedad creciente para la mayoría.
Fuente de la noticia theguardian.com
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