El gobierno belga ha firmado en Belém una declaración internacional que, bajo el pretexto de combatir la “desinformación climática”, avanza hacia un mayor control de los contenidos mediáticos. A partir del próximo año, radios y televisiones serán vigiladas para asegurar que sus mensajes se ajusten a la línea oficial, incluso cuando los errores no sean intencionales. Esta medida inaugura una ofensiva más amplia que busca disciplinar también a la prensa escrita y orientar a la población hacia fuentes “autorizadas”.
El
ministro de Clima presenta la iniciativa como un apoyo a reguladores
y consejos éticos, pero prevé la creación de un observatorio con
capacidad de recomendar sanciones. El proceso recuerda mecanismos
históricos de legitimación ideológica, donde una autoridad central
decide qué es verdad y qué debe ser excluido del debate público.
Así, el discurso climático se integra en un aparato estatal que
combina consenso forzado, vigilancia y castigo, reforzando la
hegemonía de las élites gobernantes sobre la conciencia social.
Fuente
de la noticia, lesoir.be
Foto < mpr21.info >

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