Lo que la burguesía y su policía llaman "arma definitiva" no es más que la expresión desesperada de una juventud y una clase trabajadora que ya no tiene ni gasolina para quemar.
El llamado "cacatov", surgido en Francia durante las movilizaciones de los chalecos amarillos y estudiantiles, utiliza los propios desechos humanos fermentados, contraponiendo a la violencia incendiaria del Estado la humillación material.
Inspirado en el viejo cóctel incendiario, no busca quemar, sino degradar. La policía de Lyon admite: "El olor es terrible. Es humillante, pero es menos grave que quemarse con un mortero", reconociendo el miedo al contagio y al contacto.
En redes, la difusión de estos proyectiles muestra cómo la contradicción entre las masas y el poder se agudiza, y cómo la creatividad popular convierte la precariedad en resistencia.
Fuente de la noticia, actu.fr

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