A dos décadas del montaje cinematográfico de Al Gore, “ Una verdad incomoda “, difundida en 2006 por todo el mundo, sobre todo después de ganar un Óscar y un Premio Nóbel de la Paz. sus mentiras se desmoronan: predijo glaciares desaparecidos, nieve en el Kilimanjaro ausente, Manhattan inundado, huracanes más destructivos y el Ártico sin hielo. Nada ocurrió. Los osos polares, supuestamente condenados, se han recuperado gracias a la prohibición de la caza —no al activismo de salón—. Gore se forró con la histeria climática, convirtiéndose en el primer multimillonario del carbono. Mientras el capitalismo especula con el medio ambiente, las bibliotecas públicas han sido infectadas con este contrabando ideológico que oculta la verdadera crisis: la explotación de clase.
Las profecías apocalípticas no buscan salvar el planeta, sino disciplinar a los pueblos y justificar nuevos negocios para la burguesía. El propio New York Times admite hoy la retirada de la política climática oficial. Gore es un vendedor de humo que multiplicó sus ingresos con la histeria climática. Lo peor es que en el mundo hay muchos parásitos como él, que viven de la venta de humo, aunque no han acumulado tanto dinero. La lección es clara: el ecologismo de los ricos es cortina de humo para perpetuar el saqueo imperialista.
Fuente de la noticia, mpr21.info
Foto < mpr21.info >

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