La crisis de los combustibles derivada de la guerra en el Golfo Pérsico no ha golpeado a China como pronosticaban los analistas occidentales. Mientras Europa y Estados Unidos sufren escasez y subida de precios, Pekín mantiene estable su producción industrial gracias a décadas de planificación estratégica e inversiones internacionales. China ha construido una amplia red de suministro energético mediante la Nueva Ruta de la Seda, asegurando acuerdos a largo plazo con países de América Latina, Asia Central y Oriente Medio.
El gigante asiático también reforzó sus reservas de petróleo y diversificó rutas comerciales para reducir la dependencia del Estrecho de Ormuz. Las importaciones desde Brasil y África compensan la caída del crudo venezolano e iraní, mientras oleoductos y corredores terrestres garantizan estabilidad logística.
La situación evidencia el deterioro del dominio energético occidental frente al avance de modelos económicos capaces de planificar a largo plazo y resistir sanciones y presiones militares.
Fuente de la noticia, mpr21.info
Foto < mpr21.info >

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