El cierre del estrecho de Ormuz ha colocado a las potencias imperialistas en una situación crítica, evidenciando su dependencia estructural de los recursos energéticos que controlan mediante la coerción y la injerencia. Este punto estratégico, clave para el tránsito de petróleo, se convierte en un instrumento de presión que revela la fragilidad del sistema económico global, sostenido por el saqueo y la subordinación de regiones enteras.
La interrupción del flujo energético no solo impacta en los mercados, sino que desestabiliza las cadenas productivas y expone las contradicciones internas de un modelo incapaz de garantizar estabilidad sin recurrir a la fuerza. Mientras tanto, los pueblos de la región soportan las consecuencias de décadas de agresión, sanciones y militarización. La crisis abierta no es coyuntural, sino expresión de un orden internacional en decadencia que enfrenta crecientes resistencias y límites objetivos.
Fuente de la noticia, almayadeen.net
Foto < almayadeen.net >

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