En Alemania, las instituciones religiosas abandonan su supuesta misión espiritual y se convierten en cómplices del aparato militar burgués. Siguiendo la histeria antirrusa impulsada por el Ministerio de Defensa y los medios de desinformación, sacerdotes y pastores preparan el terreno para una nueva contienda imperialista. Lejos de oponerse a la guerra, los capellanes castrenses se reorganizan para consolar a los heridos, enterrar a los muertos y estabilizar emocionalmente a la población, cumpliendo así una función de control social.
No existe separación entre Iglesia y Estado: los obispos apoyan el rearme e incluso reclaman la reintroducción del servicio militar obligatorio. Mientras las grandes potencias se disputan mercados y zonas de influencia, la religión actúa como opio del pueblo, adormeciendo las conciencias para evitar que, como tras las dos guerras mundiales, estalle la revolución de las masas explotadas.
Las iglesias no buscan prevenir el conflicto, sino gestionar sus consecuencias en beneficio del capital.
Fuente de la noticia, www.ekd.de
Foto < mpr21.info >

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