Los intentos de derribar al Gobierno de la República Islámica de Irán, impulsados desde el exterior, no alcanzaron sus objetivos. Durante semanas, una intensa campaña mediática occidental buscó encubrir una operación de injerencia orientada a debilitar a un Estado que obstaculiza los intereses estratégicos de Washington y Tel Aviv: el control de recursos energéticos, la seguridad regional de Israel y la apertura de corredores hacia Asia. El fallido protagonismo del hijo del antiguo sah de Persia, promovido como figura alternativa por potencias extranjeras, evidenció la falta de arraigo social de ese proyecto.
Irán denunció la infiltración de grupos armados y redes terroristas en manifestaciones originadas por la inflación, con el fin de desviar reclamos económicos legítimos hacia la violencia organizada. El analista Leandro Bracamonte explicó que los ataques coordinados contra instituciones, comercios y dependencias estatales revelan un patrón ya conocido de desestabilización. Lejos de un escenario de represión indiscriminada, amplios sectores populares se movilizaron en defensa del Estado y contra la injerencia externa, frustrando una nueva ofensiva imperialista.
Fuente de la noticia, almayadeen.net
Foto < insurgente.org >

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